España y el olivo, una historia de amor milenaria

 

España y el olivo, una historia de amor milenaria

No es nada nuevo si decimos que el olivo es un árbol rápidamente identificado con España y el resto de países mediterráneos. Que su fruto es elemento esencial en el día a día de nuestra gastronomía, y que en términos económicos supone un sector clave en las exportaciones del país. Pero, ¿desde cuándo el olivo y España tienen esta relación tan estrecha?

La historia viene de largo, y es que a través de diferentes hallazgos arqueológicos humanos se han encontrado restos de huesos de aceituna en ellos. Si bien su uso tal y como lo conocemos actualmente, ya sea culinario o para labores diarias, hay que trasladarlo al Próximo y Medio Oriente. Los egipcios hace 5.000 años utilizaban el aceite obtenido de los olivos para iluminar sus hogares y aliñar la lechuga entre otras. Los procedimientos de cultivo y verdeo eran muy similares a los que actualmente usamos en La Aloreña. Como vemos, miles de años nos separan y nos unen a la par.

Tendremos que esperar a la llegada de los fenicios, romanos y finalmente árabes para ver crecer en nuestra tierra la explotación del olivo tal y como se conoce actualmente. Ya en la época romana, el aceite proveniente de Hispania tenía un gran valor y calidad. Esto se enriqueció aun más con los árabes, los cuales introdujeron sus variedades de aceitunas, así como una gran cantidad de vocablos que hoy en día persisten, como es el caso de “aceite” proveniente de la palabra “al-zait”, zumo de aceitunas.

Miles de años han pasado, una relación estrecha que se ha incrustado en nuestro código de identidad convirtiéndonos, en pleno s.XXI, en los principales productores y exportadores de aceite y aceitunas de mesa.

Una historia de amor bonita y duradera.

 

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